jueves, 15 de noviembre de 2012

Y ahora, ¿qué?



MANUEL MARTÍN FERRAND, ABC
Hace falta un rostro pétreo para, siendo diputado, sumarse a una huelga que protesta contra su propia obra de poder.

NUESTRA Administración, tan frondosa como pintoresca, nos obliga en ocasiones, para cobrar una pensión o para renovar un abono en la declinante Plaza de Toros de Madrid, a demostrar que no hemos muerto.
Es la Fe de Vida el documento adecuado para ello y, todos los días, varios miles de ciudadanos tienen que tramitarlo, entre burlones y ofendidos, para poder decir el clásico «aquí estoy yo» con la evidencia documental que requieren las oficinas públicas.
Los sindicatos, también para demostrar su existencia, se ven impulsados, de vez en cuando, a convocar una huelga general que acredite su musculatura. La convocada para ayer no merece el debate sobre su nivel de seguimiento.
Funcionó donde los piquetes «informativos» se expresaron, cachiporra en mano, prendiéndole fuego a neumáticos viejos y, como en las películas de sioux, haciendo señales de humo.
Con eso, y con una pertinaz presencia de sindicalistas notables en los medios audiovisuales, UGT, CC.OO. y la renqueante USO dejaron sentado que sus organizaciones tienen fuerza. Es más la inercia de la Historia que la fuerza del presente, pero resulta incuestionable su capacidad de convocatoria. Les costaría más acreditar su valor representativo.



Entre quienes siguieron la huelga producen especial inquietud los diputados del Congreso que se sumaron a ella, socialistas del PSC en buen número.
No contentos con haber sido promotores del problema protestan contra los efectos del zapaterismo nacional y del tripartito autonómico. Me dicen mis amigos psiquiatras, una de las pocas especialidades médicas de las que no soy paciente -todavía-, que la esquizofrenia tiene cura; pero hace falta un rostro pétreo, aún en caso de ataques agudos, para siendo diputado -¿eso es un trabajo?- sumarse a una huelga que protesta contra su propia obra de poder. Lo vio claro y lo expresó con brillantez Rosa Díez, la lideresa de UPyD, cuando además de valorar «el fracaso de la política» que constituye una convocatoria como la de ayer, afeó la conducta de sus compañeros en la Cámara por «aprovechar los escaños en que reside la soberanía nacional para convocar una huelga».
 
Sólo las manifestaciones callejeras que cerraron la absurda jornada de ayer tuvieron valor de testimonio. Y ahora, ¿qué? Una huelga general convertida en flor de un día es una burla a la idea y a la ciudadanía. Julián Besteiro, catedrático de Lógica y cabeza luminosa, fue a la cárcel por ser uno de los organizadores de la huelga de agosto de 1917. No hubiera entendido muy bien la «épica» del 14-N, la segunda huelga general del año contra un Gobierno que no lo ha cumplido todavía. Claro que UGT contaba entonces con más meninges y menos empleos que hoy. Entonces la huelga sirvió de cimiento para «el trienio bolchevique» y ahora, insisto, ¿qué?

No hay comentarios:

Publicar un comentario